Una característica fisiológica de todos los mamíferos, es amamantar a los pocos minutos después del nacimiento; casi todos los seres humanos hemos hecho esto por mas de dos millones de años.
Una mujer sana produce calostro desde temprano del embarazo, al nacimiento tiene suficiente para poder alimentar a su hijo, transmitirle anticuerpos y proporcionarle líquido.
Si el recién nacido es a término, clínicamente sano y con una calificación de Apgar de 7 o más y Silverman 0, puede y debe iniciar la lactancia en el pecho de su madre, dentro de las dos primeras horas después del nacimiento, mientras más pronto mejor.
De esta forma no solo se alimenta y protege, el contacto piel con piel de su madre le proporciona el calor y amor que el recien nacido necesita, sus necesidades biológicas, físicas y emocionales son satisfechas.
Es necesario que el recien nacido permanezca al lado de su madre las primeras horas después del nacimiento, el alojamiento conjunto es recomendable para lograr una lactancia exitosa y más duradera, de este modo el niño amamantará cada vez que lo necesite, a libre demanda, esto es cuando él tenga hambre, una succión frecuente es el estímulo suficiente para que se dispare el reflejo hormonal que se necesita para producir una buena cantidad de leche y disminuir el sangrado postparto, de esta manera la madre se recupera más rápido.
Es recomendable una correcta posición del niño en el pecho, para lograr una lactancia exitosa, la madre debe estar comoda y con buen soporte en la espalda, tocar con su pezón el lavio inferior del niño provoca el reflejo de busqueda, cuando el recien nacido abre la boca grande, ella debe acercarlo rápidamente para introducir en su boca lo más posible de areola, de modo que la succión sea precisamente en la areola y no en el pezón; así el niño recibe mayor cantidad de leche, no lastima el pezón y descongestiona rápidamente las mamas; la estimulación durante el proceso de succión de los nervios sensoriales de la areola originan estimulos aferentes a la glándula hipofisis y está secreta grandes cantidades de hormona prolactina y oxitocina, con el consecuente incremento en la producción de leche, la presencia de reflejos de bajada o eyección intensos y una mayor eficiencia del proceso de involución uterina.
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